Juguemos bromas con la muerte [Priv. Sherlock Holmes]

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Juguemos bromas con la muerte [Priv. Sherlock Holmes]

Mensaje por John H. Watson el Vie Ago 16, 2013 11:28 pm


Aún recuerdo ese día…la primera vez que volví a verlo luego de haber fingido su muerte. No puedo describir el regocijo que estremecía mi alma al verlo, tan formal, con esa sonrisa socarrona y porte desarreglado, esa corbata mal anudada y los abrigos gastados…Nada había cambiado en el, se mantenía íntegro…como si nunca hubiese sucedido nada.  

Las cosas han cambiado desde entonces…quiero pensar que para bien. A mi forma de ver lo es, pero se por anticipado que a él le costara adaptarse…espero que no demasiado. Me brindó la libertad que tanto derroche antes y por si fuese poco, hoy en día formamos una linda y pequeña familia. La nueva integrante es una damita, desafortunada víctima en uno de nuestros tantos casos a resolver, es tan hermosa…inteligente, astuta sobre todo. Con solo verla actuar, cualquiera diría que es digna heredera al legado Holmes. El insiste en que ella no sea como él, pero Rachel pareciera tenerle una especie de devoción constante, busca a su padre, tanto ha logrado que incluso la abraza y eso en Holmes...Bueno ir a la luna en globo sería más sencillo...

Puedo decir que mi vida nunca fue más hermosa y perfecta como ahora. No menosprecio los días que viví con ella, sus detalles y cariños…aun tengo la bufanda que me tejió, pero no la uso más.  Holmes…ahora es él quien ocupa mis días, mi mente y pensamiento. Mi amigo, compañero y confidente ha pasado de ser eso a algo más íntimo y amado para mí. No sé cómo ni que día será la ceremonia, pero me ha pedido matrimonio. Se el rechazo que tiene por los compromisos, puedo escuchar aún su voz lamentándose antes por mi antigua unión nupcial “el infierno mismo”… No existe prisa, con saberlo a mi lado me hace feliz como nunca. Ahora que lo pienso, no me extrañaría una boda bajo sus términos y a su manera…Solo espero que no sea como mi despedida de soltero…Rachel es menor de edad y de ninguna manera la llevaría a un sitio como ese.

Como dije antes y vuelvo a repetir, mi vida no podría ir mejor…No tengo palabras para agradecer a mis dos grandes amores lo que han hecho de mí. Los amo a ambos, a mi adorable rubia y a mi estimado detective...Siempre los llevaré en un lugar especial de mi corazón...

John Henry Watson




Ese día estaba especialmente inspirado, justo como en los viejos tiempos Watson escribía sus vivencias y pensamientos en uno de sus tantos compilados. Hacía tiempo que no lo se sentaba tras su escritorio frente a su máquina y hoy tenía un ánimo especial por hacerlo. El sonido de la máquina de escribir resonaba hasta en el último rincón de su pequeño consultorio, había métodos más modernos, una computadora, hasta una tablet, pero el médico conservaba su giro clásico y tradicionalista plasmando sus palabras a la antigua. Lo hacía a pesar de que al realizarlo de esa manera, sus escritos tarde o temprano terminarían en manos de Holmes, o bien de la pícara Rachel.

Hablando de ese par ¿dónde estarían? Holmes no daba señales de rondar cerca y Rachel no se hacía notar como era costumbre, la casa estaba sumergida en un inusual silencio, a menos claro que la pequeña hubiera salido con Nany a realizar alguna compra y el detective vagara por ahí. En ello pensaba cuando…- ¡Papi Watson! ¡Papi Watson! – Pasos presurosos, un hermoso vestido color vino se agitaba por todo el consultorio, la niña danzaba de un lado a otro con gráciles e inquietos movimientos -Papi, hoy he visto una película muy buena, todos cantaban y lloraban… - Se aproximó al médico, quien se separaba del escritorio para dejar a la infanta sentarse en su regazo- Luego una muchacha se casaba y todos eran felices…pero luego volvían a estar tristes porque alguien moría y de repente ¡todos revivieron! Cantaban en una enorme barricada, agitando banderas francesas, clamando libertad para su pueblo ¡Era hermoso!- La pequeña colocaba entonces sus manos en las mejillas del médico, a quien sonreía con dulzura- Tu te pareces al padre de Cosette…Jean Valjean, primero iba todo andrajoso, era un esclavo…y luego, siempre iba elegante, así como tu papi. Además cuidaba de Marius, el joven que luego sería el esposo de Cosette. Lo cuidaba tanto como tú cuidas a papi Sherlock – El médico la escuchaba con toda la paciencia y ternura  del mundo, los nombres de los personajes le parecían conocidos.

Creo saber a qué película de te refieres princesa –
Señaló entonces uno de los tantos libreros de su habitación, cruzando el umbral donde habría de terminar el consultorio. La infanta se levantó y tomo la mano del médico, tiró de ella y este se levantó. Caminaron juntos hasta el pequeño recibidor donde estaba el librero. En la parte superior, Watson tenía una colección de grandes clásicos literarios, entre los que figuraba Las mil y una noches, Decamerón, Los tres mosqueteros, El Quijote de la Mancha, Naná, La Divina Comedia y por supuesto, el libro central de su atención, Los Miserables. Con toda calma estiró uno de sus brazos y tomo el libro ante la mirada fascinada de la pequeña- Aquí  lo tienes, el origen de la película que acabas de ver – Más tardó en decirlo, que la niña en tomar el grueso libro entre sus manos- ¡Quiero leerlo! ¿me lo prestas? ¡di que si! ¿me lo prestas papi? – En el mundo jamás existiría quien pudiera negarse a la mirada celeste de la pequeña, quien tiraba constantemente el saco de su padre- ¡Por favor! ¿siiiiii? – Watson sonreía de lado, cualquier niña de su edad buscaría lecturas un poco…más ligeras, solo una pequeña especial como ella podría pedir aquello con tanta simpleza- Por supuesto princesa, puedes tomar ese  y otros tantos cuando lo termines, siempre y cuando me los pidas- La rubia festejaba con bastante ánimo, tanto que no tardó en formular uno de sus tantos juegos, por supuesto, involucrando a su papa.

Luego de una árdua organización por parte de una directora algo "especial" Watson estaba sentado en su silla tras su escritorio, caracterizado como todo un enfermo terminal, llevaba puesto el traje más viejo que tenía, la barba y el cabello lucían desalineados, estaba envuelto en mantas y su rostro era digno de un moribundo, todo gracias al maquillaje que la pequeña le había puesto. Estaba pálido, con ojeras en tonos rojizos, había usado tanto maquillaje que hasta la mirada tenía rojiza, irritada y llorosa. Gladstone llevaba un traje de sacerdote  a su medida, Dorian en cambio, llevaba un traje de novio, mientras que la principal intérprete de la escena llevaba puesto un elegante vestido blanco y un peinado digno de una princesa- Ahora canta papi, canta conmigo la escena final–Mencionaba mientras daba los últimos toques al traje de su “novio”- No lo sé Rachel…No soy bueno cantando- Se excusaba, ante lo que la niña hacía trompetillas-  ¡No soy Rachel! Soy Cosette, mantente en tu papel Jean –Watson suspiró y sonrió de medio lado, comenzaba a parecerse demasiado a su novioen esos aspectos, disfrazarse y actuar- Esta bien, está bien…cantaré para ti… ¿es la escena en la que muero, cierto? – Relajó su cuerpo y se preparaba para lucir como un verdadero agonizante- Si, aquí deliras con Fantine, yo entro con Marius y cantamos todos juntos hasta que mueres…¿estás seguro de que no puedo enterrarte Valjean? Daría un toque dramático realista al juego~  – Demasiado humor negro para una niña- No Cosette, no me puedes enterrar...-

Momentos después...

Puedo morir en paz…pues mi vida ha sido bendecida… -La voz quebradiza y débil de Watson pronunciaba, con un tono melódico al salir de sus labios-
Vivirás- A su lado, Rachel estaba con Dorian, su novio, rogándole al médico que no muriera como si en verdad fuese a hacerlo- Papa tienes que vivir, es demasiado pronto para despedirnos…
Si mi linda hija…- Pasaba su mano débil por entre los mechones del cabello rubio de la menor, sonriendo con apenas fuerza- Prohíbeme morir…te obedeceré…trataré…- Señaló entonces la hoja en la máquina de escribir- En esta hoja escribí mi última confesión, léela bien…cuando ya esté dormido. Es la historia de un hombre que solo aprendió a amar cuando te tuvo bajo su cuidado…
Si papa…-La niña veía la hoja, más curiosa que triste, ahora sabía que estaba escribiendo algo, luego se encargaría de leerlo- Lo haré…

Deliraba, el médico lo hacía con tonos realistas al igual que la niña, ambos habrían sido dignos de ovaciones si fuesen actores. Finalmente, Watson dejaba caer floja su cabeza al frente, su cuerpo estaba flojo, sin fuerza alguna… había muerto. Siendo médico sabía cómo actuar una muerte y mejor aún, controlar su respiración y pulso para parecer realmente un muerto, dejando más que encantada a la directora de la escena, su pequeña actriz.

Rachel rompía en llanto, uno falso por supuesto pero muy bien actuado. Salió corriendo al recibidor del cuarto con Dorian en brazos, siendo seguida por Gladstone quien, como si supiera, aullaba fría y pesadamente tras la puerta de la habitación del improvisado Jean Valjean. Con lo que no contaban era, con que Nany lo había visto y escuchado todo…ella no sabía que era una actuación. Irrumpió en la habitación deprisa y acelerada- Pequeña ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?- Rachel se sorprendió, pero al momento su traviesa mentecilla maquilaba una travesura- Es mi padre... ¡Ha muerto!- Una asustada Nany se asomó al consultorio y en cuanto vio a Watson en ese estado, “muerto” en su silla tras su escritorio, la pobre salió corriendo del lugar y en el pasillo fuera del cuarto, antes de poder pedir ayuda la mujer se desmayó. El médico no tomaba en cuenta eso, el seguía actuando estar muerto. Su pequeña traviesa le había dicho que lo hiciera hasta que recibiera la señal de hacerlo, después de todo, aún faltaba que el sacerdote lo descubriera y enterrara. Lo que no sabía es que su pequeña obra dramática había cobrado una broma pesada a la casera por cuenta de Racher y…tal vez pudiera ser que alguien más la creyera.

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Re: Juguemos bromas con la muerte [Priv. Sherlock Holmes]

Mensaje por Sherlock Holmes el Dom Ago 18, 2013 5:21 pm

Explosiones bajas y leves se escuchaban provenientes de la habitación del detective, hacía un buen tiempo que no se había acercado a su escritorio químico y ahora era tiempo de desempolvar su equipo, últimamente no había tenido buenos roces con Mycroft, al menos antes podían hablar con calma mas estos últimos tiempos no lo lograban, quizá porque su hermano desaprobaba su relación con Watson, no tenía nada contra el médico, era simple tradicionalismo, no podía acostumbrarse aún a que su hermano fuese a casarse con un hombre, ni a que fuera casarse mejor dicho, le reprochaba los propios dichos que solía decir el erudito detective y este a su vez le reprochaba que sus reclamos no eran más que el reflejo de un alma solitaria y amargada, peleas de hermano...y más allá de eso la competencia infinita entre dos mentes brillantes. Debido a todo lo mencionado no había conseguido buenos casos, usualmente su hermano era quien le informaba de situaciones mas ahora estaba solo, en Scotland Yard eran casos demasiado simples como para preocuparse y en la policía local pues...nada de interés.

El hombre impasible había decidido que era una señal para poder darse un tiempo libre y retomar sus olvidados estudios bio-químicos, con el revuelo que le había causado el hecho de ahora tener un novio...mejor dicho prometido, una hija, y futuramente una boda, su cabeza volaba por el espacio interestelar, algo que jamás había causado, era conocido por ser un hombre de ciencias, algunos decían que si seguía así la ciencia lo llevaría a la insensibilidad humana más irreversible y solitaria que pudiera existir, cosa que antes le daba igual, mas su vida personal cambió al conocer al médico el cual se transformó en su mejor amigo, compañero fiel y ahora razón de vivir dueño de su alma y ser entero.
Volviendo a su situación y entretención actual, estaba maravillado puesto que días antes había creado un gas bio-químico mortal, ahora se dedicaba a estudiarlo y perfeccionarlo, de pronto....una gota de más...un movimiento brusco...Un ruido ensordecedor.-¡Ah!- Se escuchó tan solo el grito de Sherlock...El trabajo del erudito había tenido un fallo que podría decirse que era relativamente amenazador a su vida, una explosión se hizo de su trabajo llenando la habitación de humo, con rapidez felina el castaño salió despavorido tomando a su paso una manta, al salir del cuarto cerró la puerta y con dicho retazo cubrió cualquier espacio que hubiese bajo el límite de la madera. Se quedó medio sentado en el suelo despabilándose de lo sucedido, se llevó una mano hasta el rostro para limpiarlo ya que se había cegado levemente con cenizas y demases restos y excedentes de su experimento, ahora, como en los viejos tiempos su rostro lucía algo sucio con ciertos dejos de tonos negros y grises dignos de haber estado en una explosión de alguna clase, a su suerte no había logrado aspirar nada del tóxico gas.

Cuando se repuso y por fin se erguía, al girar hacia su costado derecho notó a la señora Huddson en el suelo, sin señales de conciencia, la quedó mirando unos instantes hasta que se inclinó a su lado mirándola unos instantes, a penas si sus manos tocaron leve las mejillas de esta, supo por su expresión, la rigidez de los músculos, y por otros pequeños detalles que no era más que un desmayo causado por un disgusto, una turbación angustiosa por la cual debió haber pasado. Un llanto, de fondo el silencio...llamó la atención del castaño quien enderezaba su persona y tomaba pasos hacia la habitación del médico, al llegar encontró a su pequeña rubia con lágrimas en el rostro, el médico en el escritorio envuelto en mantas y....¿muerto?....El rostro de Holmes se mantuvo en una forma totalmente inexpresiva, quedándose de pie bajo el dintel de la puerta totalmente inmóvil.
-¿Qué ha sucedido Rachel?-Preguntó a tiempo que ahora se dignaba a dar algunos pasos lentos y cuidadosos por la habitación, cualquiera diría que estaba personificando a un tigre debido a su forma minuciosa y pausada de andar. Al llegar al lugar que era el lecho de muerte de su novio le quedó mirando de manera fija y un tanto crítica...parecía como si buscase algo en su rostro, no se podía creer que estuviera muerto en verdad, jamás en su vida había sido posible que el señor Sherlock Holmes se quedase con solo una visión y/o versión de la cosas, se inclinó leve a su rostro y posó su siniestra en la mejilla ajena pasando así su dedo pulgar. Al quitar la mano notó un rastro de maquillaje, no podía negarlo...su corazón se calmó, por un momento llegó a sentirse al borde del abismo...aunque no lo pareciera, solo el hecho de pensar en que su amado podría haber muerto le despedazaba el alma entera dejando en su garganta un nudo...un nudo tan grande como si cada cuerda vocal estuviese entrelazada entre si formando una trenza, una trenza de dolor...y tristeza infinita.

Liberó un tenue suspiro leve y con disimulo pretendió no haber descubierto nada, se llevó la misma mano a la boca poniendo una expresión de dolor indescriptible, al suelo, el detective se desplomaba en el suelo sentado agonizante de dolor por la supuesta partida de su amado. -Watson..- Murmuró leve y ahora ponía en práctica sus dotes de actuación, conocido siempre como el amo del disfraz y por pasar desapercibido en cualquier sitio, se cubría el rostro con ambas manos formando con su cuerpo un ovillo entre sus piernas llorando amargamente, nunca en su vida había llorado más que alguna ocasión especial...y esta no era significativa, al menos para él que sabía que estaba actuando....no lo era, pero le divertía el juego que estaba haciendo, por el momento...no arruinaría las cosas, se concentraba en el dolor que había sentido antes de descubrir el juego para así causar el río de lágrimas incesantes que corrían por sus mejillas sucias con el humo de su pequeño e immprovisado laboratorio casero.

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Re: Juguemos bromas con la muerte [Priv. Sherlock Holmes]

Mensaje por John H. Watson el Jue Oct 31, 2013 7:06 am

Ni idea tenía que lo que había causado. Como todo buen actor, Watson se mantenía en su papel, estaba muerto y los muertos no reaccionaban, aún si a su alrededor se desmayaban damiselas y una infanta gritaba como loca, también dentro de su actuación. Además sabía que de reaccionar, se llevaría más de algún reclamo por parte de su pequeña, quien estaba empeñada en seguir su papel al pie de la letra. Él lo haría…al menos continuaría a menos claro que le fuera ordenado detenerse o bien, empezara a sentir tierra sobre su cuerpo, de alguna manera sabía que las ganas de enterrarlo y el intento no pasarían de largo.

A momentos moría de curiosidad por abrir los ojos y echar un vistazo, pero sabía que si lo hacía recibiría un regaño por parte de su directora. Además, la posición en la que había quedado además de cómoda, le impedía ver. A Watson poco o nada le faltaba para quedarse dormido. Sus ganas fueron más cuando escuchó una explosión y un ligero aroma a quemado invadía la casa, mismo que percibía gracias a sus dotes lobunas… “Holmes” enseguida pensó. Debía ser alguno de sus experimentos, algo debía haber hecho que exploto. Solo esperaba no tener que llamar a los bomberos para solucionar aquello. El olor se hacía poco a poco más intenso, lo que quería decir una cosa… El causante de ello, su siempre adorable detective se aproximaba, seguramente atraído por los gritos de la Señora Hudson y el escándalo de Rachel. Watson lo sabía, Holmes era astuto y no se dejaría llevar por una simple visión a comparación de la dama desfallecida, reiteró ello al sentir su mano contra su rostro. En contra de la reacción que normalmente tendría, permaneció inmóvil, como si con ello resguardara una falsa esperanza de que se creyera tal actuación, era la parte pícara de Watson la que esperaba aquello, en una falsa ilusión de hacer caer a su amado en un juego… Claro, el mejor actor de toda Inglaterra se iba a creer aquello… linda broma.

Las expresiones de Holmes pasaban desapercibidas, era en ese momento cuando lamentaba no haber muerto con la cabeza hacia arriba, así mínimo vería lo que pasaba a su alrededor. De un momento a otro escuchaba un llanto amargo y doloroso inundar la sala… ¿se lo había creído? Watson contuvo el asombro que normalmente mostraría, después de todo no quería arruinar aquello…Pero el hecho de escuchar llorar a su amado y peor aún, mencionar su nombre en medio de tanto dolor, presionaba su corazón y lo hacía sentirse el ser más vil del mundo ¿Cómo jugaba con los sentimientos de su pareja de aquella manera? Estuvo a punto de abrir los ojos, de levantarse e ir al lado de su amado para consolarlo, para decirle que ahí se encontraba, pero justo en ese momento, la directora de escena entraba a la habitación. Rachel se ubicaba a un lado del desconsolado Holmes y le brindaba el apoyo que solo una hija podría darle a su padre- No llores papi…ahora tenemos un ángel en el cielo que nos cuidara a ambos – Menciono con un tono lastimero. Watson duras penas y pudo elevar un poco la cabeza y con ello una ceja, acababa de abrir ligeramente uno de sus ojos para apreciar lo que sucedía. Desafortunadamente Rachel le vio y reprimió enseguida con una seña, todo a escondidas de Holmes. –Papi…creo que deberíamos enterrar a papi Watson…- La pequeña sonreía siniestra y pícara- En un lugar muy lindo y exclusivo… así solo nosotros podremos verlo – Ahora sabía para donde iban las cosas, la niña jugaba sus cartas para cumplir el capricho de enterrarlo vivo…¿Por qué? Sencillo, antes la había visto leer sobre escapismo y en ello incluía el tema de enterrar a una persona viva. Seguramente aquello era uno de sus experimentos, el ver “que pasaría si…” tan característico del detective. Debería considerar no dejarla guiarse tanto por las conductas de su otro padre y mucho menos por temas como aquello. Estaba casi seguro que, de ser aquello descubierto por su amado, incluso el sería capaz de apoyar el “experimento”.

El pobre médico contenía las ganas de gritar que no estaba muerto, que estaba vivo y que no quería ser enterrado, pero la pequeña Rachel se encargaba de bloquear la vista del médico hacia el detective y de mantener la escena intacta, perfectamente planeada para cumplir con su experimento.

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Re: Juguemos bromas con la muerte [Priv. Sherlock Holmes]

Mensaje por Sherlock Holmes el Jue Oct 31, 2013 12:57 pm

Se encontraba en su supuesto estado de depresión profunda, lágrimas recorrían su rostro como si por allí estuviese perdiendo cada gota de agua en su cuerpo, como si estuviese llorando todo lo que no había llorado en años...todos los sentimientos desencadenados en un llanto que jamás había dado el corazón de piedra.
Lograba sorprenderse a si mismo, hacía un buen tiempo que no entraba en algún papel y debía admitir que el papel de un novio desesperado por la muerte de su ser amado...le había salido a la perfección. Incluso llegaba a molestarle tantas lágrimas que poco a poco mojaban sus manos, se sentía...extraño llorar tanto luego de tanto tiempo.
Pronto escuchó la voz dulce y lastimera de su querida hija que ahora intentaba consolarlo, lentamente levantaba su cabeza mientras que sus manos temblorosas y lánguidas limpiaban torpemente sus mejillas encharcadas dignas de su sufrimiento.
-Es cierto pequeña mía...un perfecto ángel...- Decía gimoteando tras limpiar lo mejor que pudo su llanto, su voz a momentos se entrecortaba en suspiros breves y lastimeros, realmente parecía estar sufriendo y es que si el médico quería jugar...entonces Holmes lo haría también.

Le sorprendió de pronto oír la idea de la pequeña..¿Enterrarlo vivo?...retuvo una leve sonrisa maliciosa al pensarlo, sería un buen " castigo" por haberle hecho pasar ese susto...además, sabía que su hija no hubiese dicho algo así sin saber lo que hacía, sabía cuan inteligente era, y al ver esa sonrisa ladina en la rubia....no pudo negarse, podía ver en su mirada la misma curiosidad que él sentía, el gusto por hacer sus experimentos fueren de la clase que fueren...y con quien fuere.
Miró de reojo al su amado "muerto", no le fue desapercibido el movimiento anterior, supo que su cabeza se había movido para mirarle, observador, sus orbes como los de un felino no dejaban pasar nada, ni el más mínimo detalle, nada podía liberarse de los sentidos del detective.

-Tienes razón...es lo que él hubiese deseado...un lecho digno de su persona...-
Sin decir más, el castaño se ponía de pie y con calma se aproximaba hasta el médico a quien observaba con la misma mirada de antes, a pesar de sus facciones representar tristeza, sus ojos, marrones, oscuros...penetrantes, mostraban una aguda severidad, como si fuese él el maestro de teatro y Watson su aprendiz y ahora estuviera por reprobarlo.
Se inclinó hacia el "cadáver" y lo estrechó entre sus brazos como un abrazo supuesta mente final, sigiloso y procurando la pequeña no lo notara, su boca se posicionó cercana al oído del médico en donde susurró levemente. -Memento mori...Ad maiorem Dei gloriam - Sus palabras salieron en un tono de voz leve y bajo, no esperaba que sus palabras fueran comprendidas, era latín, un idioma que no muchos hablaban y si llegaba a ser conocido era de forma esporádica, aparte de todo...quería saber que reacción podría provocar con esa frase...era como si aparte de saber que estaba vivo, de todas forma ahora fuera a matarle de verdad...siniestro, al menos así podría pensarlo el ojiazul, cosa que para Holmes, no era más que un experimento psicológico.
Le tomó como pudo entre sus brazos, haciendo algo fuerza lo sostuvo al más puro estilo princesa y caminó hasta una de las camillas clínicas que poseía el doctor, una vez que lo dejó allí miró a la pequeña. -¿Donde crees que sea mejor Rachel?....¿En el cementerio?....¿O deberemos crear nosotros mismos una buena cama para su descanso?- Parecía ahora que nunca antes hubiese estado llorando o triste siquiera, su voz salía normal y como de costumbre así como ahora se dirigía al pasillo en donde aún estaba la casera desmayada.
-Oh que mujer tan perezosa...además de ser un ser siniestro....es...perezosa...- No había explicación, pero él la creía siniestra...vaya tontería...en fin. Se inclinó y tomó por debajo de las axilas a la mujer y luego de levantar a penas se cabeza comenzó a arrastrarla hasta la habitación de su prometido, una vez allí se dio el trabajo de levantarla más y dejarla en un sofá...no digamos que la dejó recostada...ni bien sentada...ni cómoda siquiera...de hecho parecía un bulto...pero no era como si le importara de verdad.
Al regresar junto a la camilla se subió las mangas de la camisa y así se dirigió hasta la cabecera y de allí comenzó a empujar el instrumento poseedor del cuerpo del lobo. -¿Donde entonces pequeña?...se merece un buen lugar...¿Te parece que fuera bajo el árbol que está en el patio trasero?..nadie más podría verle, y cuidaríamos su descanso eterno siempre...- Decía mientras salía de la habitación empujando la camilla hacia las escaleras, una vez llegado allí hizo un esfuerzo más y se llevó el cuerpo sobre el hombro, le costaba, no tenía tanta fuerza como podría tenerla el médico, era cierto que tenía una excelente condición física...pero de todas formas debía gastar algo de fuerza mientras bajaba las escaleras despacio procurando no perder el equilibrio.


-w-:
Memento mori...Ad maiorem Dei gloriam = Recuerda que morirás....para mayor gloria de Dios

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